Me gusta sentir el agua caliente en mi piel.
Es como si la transformara en vapor de agua
y pudiese salir flotando en forma de nube,
inundando cada estancia de la casa.
Me gusta mirarme los pies cuando estoy en la ducha.
Entrecierro mis ojos miopes, intento distinguir mis dedos,
pero solo percibo un pequeño bloque compacto, blanco,
y una pieza un poco más grande que yo misma puedo mover arriba y abajo.
El dedo gordo del pie me saluda como si estuviésemos a kilómetros de distancia.
Me gusta mi abdomen en la ducha, se suaviza al tacto,
los lunares parecen gotas de agua que han tomado demasiado sol.
Siento mi cuerpo flaco, me hago pequeña,
me convierto en vapor,
en una nube que inunda cada una de las estancias,
transformando la casa en agua.