No
me gustan los casi.
Son
como las palabras que se quedaron en el tintero.
La
misma tinta desparramada en la memoria en busca de versos
que
nunca serán recitados.
Me
recuerdan al intento fallido, a los besos que acaban siendo
saliva amarga en cualquier esquina.
Un
casi sale bien es un siempre acaba mal,
un
retrete de acusaciones solapadas
y
de dolor leído entrelíneas.
Subtextos
de posibilidades perdidas,
de
amor al que le arrancamos las alas,
como
las moscas que pierden las suyas una tarde
de
verano en manos de niños crueles.
Un
casi es el aborto de quererte.