-Hola Juan. ¿Dónde vas?
-A vomitar.
Primera historia mínima suburbana.
Siguiendo bajo tierra, me cruzo con chico con cara pintada de tigre y camiseta de marinero. Sonrisa.
Segunda historia suburbana pequeña.
Me ha gustado mucho un tipo con un hierro en su pierna derecha. Mirada limpia.
Tercera historia suburbana íntima.
El día ha acabado en el metro. Antes, un gato negro se cruzó en mi camino. Suerte. Buena suerte.
Buscando la normalidad, me doy cuenta de que me siento irremediablemente atraida por la perfección de lo imperfecto. Rarezas. La mía propia.
La polilla vuelve a rondarme. No me da miedo. Me asusta no estar a la altura.
lunes, 21 de septiembre de 2009
domingo, 20 de septiembre de 2009
(des)encuentros
A mí, lo de comunicarme se me da fatal. Cuando quiero decir una cosa, acabo diciendo todo lo contrario. Normalmente, lo achaco a mi timidez, pero una cosa es ser tímida y la otra -muy distinta- es balbucear palabras sin sentido y parecer estúpida. O escupir historias que son disfraces de verdades no dichas. Y quedar como una idiota. O como una pedante relamida, lo cual es mucho peor.Más allá de lamentaciones inútiles, me gustaría llegar a una conclusión. Quizás las cosas serían mucho más sencillas si se dijeran sin rodeos. Oye, me gustas. Ya está. No quiero más tiritas anímicas. Aunque más allá de la verdad no dicha, estaría el miedo a la respuesta: pues tú a mí no. Pues vale. ¿Follamos?
El miedo al rechazo, o al abandono, quizás, me oculta tras la máscara de la incerteza, o de un "quizás" que a ciencia cierta sé que jamás se convertirá en un sí. A veces creo conocer la historia... aunque si así fuera no caería en lo mismo una y otra vez. Cuando pienso que las cosas son diferentes y que he aprendido, ahí está la pared que me espera inmaculada para un nuevo cabezazo. Será cuestión de no pensar. El no sentir se me hace más difícil.
viernes, 18 de septiembre de 2009
1
Se abre. Uno, dos. Y entonces canta. No sabe cómo. Abre la boca, bolitas de saliva saltan hacia al asfalto. Y lo pisa. Las huellas firman la necesidad del "yo estuve allí". Y se abraza el estómago. No sabe por qué, pero le gusta sentirse atrapada entre sus propios brazos. Uno, dos. Abre la boca y canta. Los dedos aprietan su cintura, a la altura de los riñones sus manos acarician su cuerpo abandonado en medio de un soplo de aire que llega de ninguna parte. Flota. Abre la boca y canta. Uno, dos... Los ojos cerrados. Verdes. Los brazos ahora en su garganta. La abraza. Acaricia con un dedo el lado derecho de su cuello. Blanco. De puntillas camina hacia ese lugar que desconoce. La mano izquierda aprieta la cara oculta de sus muslos. Blancos. Ausencia de pensamiento. De juicio. Suave brisa que desordena mechones de ceniza morena. Y canta. Sólo le falta la voz. Uno, dos... Dos dedos rozan el pecho y continúan su camino diagonal. La vertical y la horizontal buscan el cuerpo que desemboca en un mar de olas contenidas. Y canta. Uno, dos...
(...)
La casualidad se disfraza de misterio para escapar a la rutina, para hacernos creer que la realidad de estas cuatro paredes es algo más que un conglomerado de ladrillo y cemento.
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