lunes, 21 de septiembre de 2009

historias mínimas

-Hola Juan. ¿Dónde vas?
-A vomitar.
Primera historia mínima suburbana.
Siguiendo bajo tierra, me cruzo con chico con cara pintada de tigre y camiseta de marinero. Sonrisa.
Segunda historia suburbana pequeña.
Me ha gustado mucho un tipo con un hierro en su pierna derecha. Mirada limpia.
Tercera historia suburbana íntima.
El día ha acabado en el metro. Antes, un gato negro se cruzó en mi camino. Suerte. Buena suerte.
Buscando la normalidad, me doy cuenta de que me siento irremediablemente atraida por la perfección de lo imperfecto. Rarezas. La mía propia.
La polilla vuelve a rondarme. No me da miedo. Me asusta no estar a la altura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario