Se abre. Uno, dos. Y entonces canta. No sabe cómo. Abre la boca, bolitas de saliva saltan hacia al asfalto. Y lo pisa. Las huellas firman la necesidad del "yo estuve allí". Y se abraza el estómago. No sabe por qué, pero le gusta sentirse atrapada entre sus propios brazos. Uno, dos. Abre la boca y canta. Los dedos aprietan su cintura, a la altura de los riñones sus manos acarician su cuerpo abandonado en medio de un soplo de aire que llega de ninguna parte. Flota. Abre la boca y canta. Uno, dos... Los ojos cerrados. Verdes. Los brazos ahora en su garganta. La abraza. Acaricia con un dedo el lado derecho de su cuello. Blanco. De puntillas camina hacia ese lugar que desconoce. La mano izquierda aprieta la cara oculta de sus muslos. Blancos. Ausencia de pensamiento. De juicio. Suave brisa que desordena mechones de ceniza morena. Y canta. Sólo le falta la voz. Uno, dos... Dos dedos rozan el pecho y continúan su camino diagonal. La vertical y la horizontal buscan el cuerpo que desemboca en un mar de olas contenidas. Y canta. Uno, dos...
viernes, 18 de septiembre de 2009
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