A mí, lo de comunicarme se me da fatal. Cuando quiero decir una cosa, acabo diciendo todo lo contrario. Normalmente, lo achaco a mi timidez, pero una cosa es ser tímida y la otra -muy distinta- es balbucear palabras sin sentido y parecer estúpida. O escupir historias que son disfraces de verdades no dichas. Y quedar como una idiota. O como una pedante relamida, lo cual es mucho peor.Más allá de lamentaciones inútiles, me gustaría llegar a una conclusión. Quizás las cosas serían mucho más sencillas si se dijeran sin rodeos. Oye, me gustas. Ya está. No quiero más tiritas anímicas. Aunque más allá de la verdad no dicha, estaría el miedo a la respuesta: pues tú a mí no. Pues vale. ¿Follamos?
El miedo al rechazo, o al abandono, quizás, me oculta tras la máscara de la incerteza, o de un "quizás" que a ciencia cierta sé que jamás se convertirá en un sí. A veces creo conocer la historia... aunque si así fuera no caería en lo mismo una y otra vez. Cuando pienso que las cosas son diferentes y que he aprendido, ahí está la pared que me espera inmaculada para un nuevo cabezazo. Será cuestión de no pensar. El no sentir se me hace más difícil.
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