viernes, 27 de noviembre de 2009

24h

No sabía por qué pero le gustaba pasar por allí y ver la luz siempre encendida. Sólo era una farmacia. 24 horas. A veces paraba a media noche. No compraba nada, sólo se quedaba quieta, con la mirada fija en el cristal que la separaba del otro lado. Y miraba. Sin mover la cabeza. Los ojos repasaban los estantes blancos, recién pintados. Izquierda, derecha. Arriba, abajo. Y volvía a repetir la misma operación, en sentido contrario. Derecha, izquierda. Abajo, arriba. ¿Deseas alguna cosa? Entonces los ojos se encontraban a un lado y otro del cristal, pero los suyos nunca respondían. Entonces se iba. Hasta que volvía a sentirse sola.

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