viernes, 27 de noviembre de 2009

(...).

Sé que me encontrarás. Y no será bajándome el escote ni subiéndome la falda. Tampoco bebiendo hasta el amanecer o entre sábanas de trago amargo. No sé cuando será. Quizás no ahora. Ni aquí. Quizás entre dos briznas de sol o en una ciénaga de besos. No lo sé. Volveré a esos bares y volveré a ponerme las manos en la cara, presionando ligeramente hacia los extremos, cuando vea en las revistas los rostros aterciopelados. Pero nada de eso me importará cuando me encuentres. En un pantano de pecas perdidas. En un pozo de abrazos sin fondo. Allí estaré. Sin más. Con un abrigo color vino que beberás despacio. Hasta que no quede poso. Sólo dos almas. Perdidas y encontradas.

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